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Dejando de lado las etiquetas en el mundo laboral

Las etiquetas son el peor aliado para la cultura empresarial moderna e inclusiva. Cuando se utilizan etiquetas para definir a las personas, aumenta el riesgo de discriminación y conflicto. Las empresas deben alejarse de esta mala estrategia y comenzar a introducir conceptos y comportamientos más actuales.

Prejuzgar y etiquetar a las personas es humano. Lo hacemos todos de manera constante y casi innatamente. Las etiquetas no dejan de ser una especie de manera de categorizar a la gente. Edad, color de piel, clase social, género, orientación sexual, color de pelo, con pareja o soltero, con o sin hijos, tipo de coche, estilo de ropa, tono de voz… Por no hablar de los rasgos de la personalidad.

Por supuesto, también nos ponemos etiquetas a nosotros mismos. Y si analizamos tanto las etiquetas ajenas como las propias, vemos que las de origen negativo superan a las positivas. Esto ocurre porque etiquetar a la gente no es bueno. Como, por ejemplo, tampoco es bueno ni positivo realizar un prejuicio sobre alguien que acabamos de conocer.

Las etiquetas y los juicios prematuros son dos lacras que tenemos las personas en la sociedad en general que impiden que las relaciones sean mucho más cordiales y cercanas. Obviamente no todo le mundo pone etiquetas y establece una imagen determinada a las personas antes de conocerlas, pero sí está muy extendido dentro de nuestra sociedad y en el mundo empresarial.

Seguramente la mente humana sea uno de los elementos más complejos que conoce nuestra especie. Millones de neuronas trabajando de manera conjunta para crear nuestra identidad. Una identidad que es individual en cada una de las más de 7.000 millones de personas que vivimos en el planeta. Las etiquetas nos influyen directamente en cómo nos comportamos y relacionados con los demás y con nosotros mismos. Por tanto, son factores que juegan un papel principal en la identidad de las personas, sobre todo cuando una etiqueta no se ajusta a la realidad.

Cuantas más etiquetas pongamos, más alejados estaremos de la verdadera personalidad e identidad de esa persona. Más complicado será entender sus palabras, acciones y comportamientos.

El avance de la sociedad es la clave

Se han dado grandes pasos a lo largo de las últimas décadas para crear ambientes de trabajo inclusivos, igualitarios y alejados de cualquier tipo de discriminación. Pero todavía queda camino por recorrer. Todo es mejorable.

Quizá, la mejor manera de que las empresas y sus empleados se alejen lo máximo posible del comportamiento antiguo de etiquetar a la gente sea empezando porque la propias empresas y los gerentes no lo hagan.

Los líderes o personas con responsabilidad también ponen etiquetas a los empleados. Etiquetar a los miembros de la plantilla puede hacer que se pierdan oportunidades reales por el simple hecho de pensar que una persona tiene que estar en un determinado puesto y no en otro. Es complejo, pero hay que intentar el cambio y dejar atrás las etiquetas.

Somos personas. Y las personas son complejas. Lo complejo suele ser una suma de elementos más simples. Esa suma, ese conjunto, es algo único en la naturaleza y hay que aprovecharlo para sacar el máximo rendimiento posible.

La mejor manera de crear un ambiente sin etiquetas no existe, pues cada empresa es un mundo. No hay un libro que seguir, ni unas pautas 100% seguras que aplicar, pero sí que se puede ir construyendo una cultura inclusiva, igualitaria y que no discrimine a nadie creando oportunidades de crecimiento personal y profesional. El ambiente laboral libre de miedos y de etiquetas es posible si se trabaja de una forma conjunta entre la gerencia, los mandos intermedios y el conjunto de empleados.

La comunicación juega un papel fundamental

Sin un flujo de información sincero y claro será imposible alcanzar los objetivos. Se trata de conseguir que la gente que trabaje bajo una misma estructura empresarial se sienta cómoda y no se encierre en sí misma, sino que sus pensamientos e ideas fluyan de manera natural porque sabe que nadie va a ponerle etiquetas.

Una comunicación dinámica abordará los problemas de las personas y conseguirá reducirlos para el bien de todos. Es un camino complejo, difícil y lleno de retos, pero seguro que con esfuerzo y un equipo unido cualquier empresa puede llegar a conseguir crear un ambiente de trabajo sin etiquetas ni juicios prematuros de las personas. No es una utopía pensar que podemos avanzar lo suficiente como para que las etiquetas en el mundo laboral sean un lejano recuerdo de tiempos pasados. Está en nuestras manos conseguirlo.

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